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Llamamos disfunción sexual a cualquier problema de carácter físico, psicológico o social que impide y/o dificulta el disfrute de la sexualidad en cualquiera de las fases de la respuesta sexual (deseo, excitación y orgasmo). Los estudios epidemiológicos sitúan a estos problemas sexuales en unos porcentajes que oscilan entre el 38% y el 64% dependiendo de factores como la edad o la presencia de alguna enfermedad médica.

Las disfunciones sexuales pueden estar presentes durante toda nuestra vida sexual, pero también pueden aparecer tras haber tenido periodo de actividad sexual considerada normal. Del mismo modo, pueden aparecer cada vez que intentamos tener una relación o actividad sexual o bien suceder de manera situacional, solo relacionada con algunas parejas en concreto o con determinados momentos. Algunos de los principales síntomas que podemos experimentar son: la incapacidad para conseguir el orgasmo, el sentimiento de temor, pánico o repugnancia ante un breve contacto sexual o ante el solo hecho de pensar en el sexo, la falta de interés en ningún tipo de actividad sexual, la incapacidad para experimentar la excitación que, en el caso del hombre se manifiesta en dificultades para conseguir o mantener una erección, y en el caso de la mujer, por dificultad para lograr o mantener la lubricación, o la aparición de dolor durante el coito o la actividad sexual que interfiere gravemente en la relación sexual.

Los problemas en el funcionamiento sexual generan insatisfacción, estrés y dificultades en la relación de pareja. Pero en muchas de las ocasiones suelen presentarse como consecuencia de un problema de pareja previo. El deterioro en la comunicación, la pérdida de la confianza debido a una infidelidad, la baja implicación en la relación, la falta de interacciones positivas o la adaptación a un cambio vital como el nacimiento de un hijo, la pérdida de empleo o una enfermedad, son algunos de los factores que pueden influir en la aparición de un problema sexual y de pareja.

La evaluación de estos problemas se realiza mediante entrevistas individuales, y en pareja en el caso de ser oportuno, a través de las cuales se intenta descubrir qué factores están influyendo en la aparición y mantenimiento de un determinado problema sexual. En algunos casos se recomienda también una evaluación médica para descartar cualquier afección que pueda repercutir en el problema, y en ocasiones, se miden aspectos psicofisiológicos de la respuesta sexual. Los nuevos modelos integrativos de tratamiento combinan la terapia sexual y de pareja en un conjunto de técnicas de base psicoeducativas, que difieren en función del problema a tratar, pero que tienen en común el trabajo sobre creencias, actitudes, emociones y comportamientos que interactúan para provocar una disfunción sexual.